Nadya Limas
Ciudad de México.— Un incidente ocurrido en la vía pública, en el que la presidenta Claudia Sheinbaum fue víctima de acoso por parte de un ciudadano, ha reavivado la discusión nacional sobre la violencia de género y la capacidad de respuesta de los cuerpos de seguridad en espacios abiertos.
Durante una caminata oficial, un hombre se aproximó de manera inapropiada a la mandataria, vulnerando los protocolos de seguridad presidencial. Aunque el hecho fue controlado en cuestión de segundos, la reacción tardía del personal a cargo provocó preocupación y críticas públicas.
Más allá del incidente aislado, el suceso pone en evidencia la exposición cotidiana de las mujeres a la violencia y al acoso, independientemente de su posición social o política. El cuestionamiento surge de manera inevitable: si una figura con resguardo permanente puede ser agredida en público, ¿qué nivel de protección tienen aquellas que caminan solas cada día?
Organizaciones civiles y colectivos feministas han reiterado la necesidad de fortalecer los mecanismos de prevención, sanción y educación social para erradicar este tipo de comportamientos, subrayando que el respeto y la seguridad deben ser garantías universales, no privilegios.

