PARÍS, FRANCIA.— Lo que parecía un simple robo cometido por dos jóvenes terminó convirtiéndose en una de las historias más insólitas relacionadas con una joya histórica de Francia: un diamante rosa de 9.01 quilates que fue encontrado dentro de una manzana.
El hecho ocurrió en 1926, después de que dos jóvenes aviadores franceses, Leon Kauffer y Emile Souter, irrumpieran en el histórico castillo de Chantilly, ubicado a unos 50 kilómetros al norte de París.

Los ladrones consiguieron apoderarse de más de 75 piezas de joyería, cuyo valor en aquella época rondaba los tres millones de dólares. Debido a la magnitud del robo, las autoridades inicialmente pensaron que detrás del golpe se encontraba una banda especializada.
Sin embargo, Kauffer y Souter eran jóvenes inexpertos y pronto comenzaron a tener dificultades para vender las piezas. Entre los objetos sustraídos se encontraba el Grand Condé, un extraordinario diamante rosa tan conocido que ningún joyero quería comprarlo por temor a quedar relacionado con el robo.
La investigación dio un giro inesperado cuando una camarera de piso identificada como Suzanne Schiltz encontró una manzana en la habitación de dos jóvenes alojados en un hotel de París.
Schiltz tomó la fruta y le dio un mordisco. En ese momento, sus dientes chocaron contra un objeto extremadamente duro: era el Grand Condé.
El hallazgo permitió a las autoridades avanzar en la investigación y relacionar la joya con los responsables del robo. Para entonces, los delincuentes apenas habían conseguido obtener una pequeña parte del valor del enorme botín.
El diamante pertenece a la familia Condé desde 1740 y tiene una historia que se remonta al siglo XVIII. Originalmente fue colocado en una medalla de la Orden del Toisón de Oro, antes de ser retirado y montado posteriormente en un anillo.
Su origen geográfico exacto continúa siendo desconocido, aunque distintas investigaciones apuntan a posibles regiones como India, Borneo o Brasil.
A casi un siglo del robo, el Grand Condé volverá a ser exhibido públicamente en el castillo de Chantilly durante octubre, como parte de una exposición conmemorativa por los 100 años del asalto.
Antes de la exhibición, especialistas de Francia, Canadá y Suiza realizaron nuevos estudios científicos sobre la gema. Analizaron características como su composición, pureza, densidad y rareza para crear una especie de “identidad científica” del diamante.
El objetivo es que sus características únicas permitan reconocerlo con facilidad y dificulten cualquier intento de comercializarlo de manera clandestina.
El caso cobra especial relevancia después de recientes robos de joyas históricas en Europa. Para los responsables del museo, sin embargo, mostrar la pieza al público también es una forma de preservar su valor histórico.
El Grand Condé no solo destaca por tratarse de un raro diamante rosa, sino por la peculiar historia que lo convirtió en una de las joyas más famosas de Francia: un robo, dos jóvenes ladrones y una manzana terminaron revelando su paradero.
